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Siempre me han gustado los perros. Cuando tenía 8 años empecé a pasear y cuidar perros de otras personas y a leer libros sobre educación y comportamiento de perros.
Tuve que esperar hasta los 20 años para tener mi propio perro, fue un Leonberger, que se llamaba Donna. Todavía me acuerdo del día que fuimos a buscarla, fue uno de los momentos más felices de mi vida. Donna y yo fuimos a un curso de cachorros desde el principio. El curso era innovador porque consistía en enseñar a los dueños como conseguir un buen comportamiento y obediencia del perro, utilizando para ello, recompensas y maneras no violentas.
Donna era una perra maravillosa en todos los sentidos pero tenía un problema, desde que era un cachorro saltó y tiró de la correa cada vez que vio a otro perro. De un buen principio, parecía gracioso, pero una vez la perra fue creciendo llegando a pesar casi 60 kilos, la gracia se convirtió en pesadilla. Ante mi desesperación, empecé a leer libros escritos por psicólogos de perros sobre problemas de comportamiento pero no di con ningún método realmente efectivo que pudiera solucionar el problema. En aquel momento, mi única salvación fue ponerle un "HALTI" (tipo de collar) para poder sujetarla.
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